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Esclerosis múltiple y anestesia raquídea

esclerosis múltiple y anestesia espinal

Si tienes esclerosis múltiple (EM) y necesitas una cirugía en la que te han mencionado la posibilidad de anestesia raquídea, es normal que aparezcan dudas y temores. Muchas personas se preguntan:

-¿La anestesia raquídea puede empeorar la esclerosis múltiple?

-¿Puede provocar un brote?

-¿Es peligrosa para mis nervios?

-¿Qué tipo de anestesia es más segura para mí?

Este artículo está pensado para explicarte de forma clara y comprensible, sin tecnicismos innecesarios, cómo se relaciona la esclerosis múltiple con la anestesia raquídea y cómo el anestesiólogo decide la mejor opción para cuidar tu salud.

 

¿Qué es la esclerosis múltiple? (explicado fácil)

La esclerosis múltiple es una enfermedad crónica del sistema nervioso central, es decir, afecta al cerebro y a la médula espinal. Se produce cuando el sistema inmunológico, que normalmente protege al organismo, ataca por error la mielina, una capa que recubre y protege las fibras nerviosas.

La mielina funciona como el aislamiento de un cable eléctrico: permite que los impulsos nerviosos viajen de forma rápida y eficiente entre el cerebro, la médula espinal y el resto del cuerpo. Cuando esta capa se daña, la transmisión de las señales nerviosas se vuelve más lenta o se interrumpe, lo que puede dar lugar a distintos síntomas neurológicos.

Los síntomas varían mucho de una persona a otra, dependiendo de la zona del sistema nervioso afectada. Entre los más frecuentes se encuentran la debilidad muscular, alteraciones de la sensibilidad como hormigueo o adormecimiento, problemas de equilibrio y coordinación, fatiga intensa, visión borrosa o doble y, en algunos casos, dificultades para caminar.

Una característica importante de la esclerosis múltiple es que, en muchas personas, la enfermedad evoluciona en forma de brotes y remisiones. Durante un brote aparecen síntomas nuevos o empeoran los ya existentes. Posteriormente, en la fase de remisión, estos síntomas pueden mejorar parcial o completamente, aunque algunas personas pueden presentar secuelas permanentes.

Es importante destacar que la esclerosis múltiple no afecta a todas las personas de la misma manera. Gracias a los avances en el diagnóstico y el tratamiento, muchas personas con esta enfermedad pueden mantener una buena calidad de vida y continuar con sus actividades habituales durante muchos años.

Tipos de esclerosis múltiple

La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad crónica del sistema nervioso central que afecta al cerebro, la médula espinal y los nervios ópticos. Se produce cuando el sistema inmunológico ataca por error la mielina, una sustancia que recubre las fibras nerviosas y permite que los impulsos eléctricos viajen de forma rápida y eficiente. Como consecuencia, la comunicación entre el cerebro y el resto del cuerpo se vuelve más lenta o incluso puede interrumpirse.

Aunque muchas personas hablan de la esclerosis múltiple como si fuera una sola enfermedad, en realidad existen diferentes tipos o formas clínicas. Cada una presenta un patrón distinto de evolución, síntomas y pronóstico. Conocer estos tipos ayuda a comprender mejor cómo progresa la enfermedad y permite que los médicos elijan el tratamiento más adecuado para cada paciente.

Esclerosis múltiple remitente-recurrente (EMRR)

La esclerosis múltiple remitente-recurrente es la forma más frecuente de la enfermedad. Se estima que aproximadamente el 85 % de los pacientes recibe este diagnóstico en el momento en que aparecen los primeros síntomas.

Esta variante se caracteriza por la presencia de brotes o recaídas, que son episodios en los que aparecen síntomas nuevos o empeoran los ya existentes durante al menos 24 horas. Estos brotes pueden durar días o semanas y, posteriormente, el paciente entra en un período de recuperación llamado remisión.

Durante la remisión, muchas personas recuperan completamente las funciones perdidas, mientras que otras pueden conservar algunas secuelas leves. Entre un brote y otro, la enfermedad puede permanecer estable durante meses o incluso años.

Los síntomas más frecuentes durante los brotes incluyen:

-Visión borrosa o pérdida de visión.

-Debilidad muscular.

-Hormigueo o entumecimiento.

-Problemas de equilibrio.

-Fatiga intensa.

-Dificultad para caminar.

-Alteraciones en la coordinación.

Gracias a los tratamientos modificadores de la enfermedad disponibles actualmente, muchas personas con EMRR logran reducir significativamente el número de recaídas y retrasar la progresión de la discapacidad.

Esclerosis múltiple secundaria progresiva (EMSP)

La esclerosis múltiple secundaria progresiva aparece cuando una persona que inicialmente tenía una forma remitente-recurrente comienza a presentar un deterioro neurológico continuo.

En esta etapa, la discapacidad aumenta de manera gradual, incluso cuando ya no se producen brotes evidentes. Algunas personas todavía pueden experimentar recaídas ocasionales, mientras que otras presentan una progresión constante sin episodios agudos.

Antes de la llegada de los tratamientos modernos, era común que muchos pacientes evolucionaran hacia esta fase después de 10 a 20 años de enfermedad. Actualmente, gracias al diagnóstico temprano y a las terapias disponibles, este cambio puede retrasarse considerablemente e incluso evitarse en algunos casos.

Los síntomas suelen incluir:

-Mayor dificultad para caminar.

-Rigidez muscular.

-Problemas de equilibrio.

-Debilidad progresiva.

-Trastornos urinarios.

-Alteraciones cognitivas leves o moderadas.

El objetivo del tratamiento en esta etapa es disminuir la progresión de la enfermedad, controlar los síntomas y mantener la independencia del paciente el mayor tiempo posible.

Esclerosis múltiple primaria progresiva (EMPP)

La esclerosis múltiple primaria progresiva representa aproximadamente entre el 10 y el 15 % de todos los casos.

A diferencia de la forma remitente-recurrente, en esta variante no existen brotes claramente definidos. Desde el inicio de la enfermedad, los síntomas empeoran lentamente con el paso del tiempo.

Los pacientes suelen presentar dificultad progresiva para caminar, debilidad en las piernas y alteraciones del equilibrio. También pueden aparecer problemas urinarios, espasticidad muscular y fatiga.

La EMPP suele diagnosticarse a una edad ligeramente mayor que la EM remitente-recurrente, generalmente entre los 40 y 50 años.

Aunque durante muchos años existieron pocas opciones terapéuticas para esta forma de la enfermedad, actualmente algunos medicamentos han demostrado disminuir la velocidad de progresión en determinados pacientes.

Esclerosis múltiple progresiva recurrente

Anteriormente se describía un cuarto tipo llamado esclerosis múltiple progresiva recurrente. En esta variante existía un deterioro continuo desde el inicio acompañado de brotes ocasionales.

Sin embargo, las clasificaciones modernas consideran que estos pacientes forman parte de la categoría de esclerosis múltiple primaria progresiva con actividad, por lo que este término prácticamente ha dejado de utilizarse en la práctica clínica.

Síndrome clínicamente aislado

Aunque técnicamente no se considera un tipo de esclerosis múltiple, el síndrome clínicamente aislado (SCA) merece una mención especial.

Se trata del primer episodio de síntomas neurológicos compatibles con desmielinización que dura al menos 24 horas. Algunos pacientes nunca vuelven a presentar otro episodio, mientras que otros desarrollan posteriormente una esclerosis múltiple confirmada.

La resonancia magnética desempeña un papel fundamental para estimar el riesgo de evolución. Si se observan múltiples lesiones características, la probabilidad de desarrollar esclerosis múltiple aumenta considerablemente.

Actualmente, algunos pacientes con alto riesgo pueden beneficiarse de iniciar tratamiento precoz para disminuir la posibilidad de nuevos brotes.

Síndrome radiológicamente aislado

Existe otra situación conocida como síndrome radiológicamente aislado (SRA). En estos casos, una resonancia magnética realizada por otro motivo muestra lesiones compatibles con esclerosis múltiple, pero la persona nunca ha presentado síntomas neurológicos.

No todos estos pacientes desarrollarán la enfermedad clínica, aunque algunos requieren seguimiento periódico mediante evaluación neurológica y nuevas resonancias.

¿Cuál es el tipo más frecuente?

La forma remitente-recurrente continúa siendo la presentación más común de la enfermedad. Además, es la variante que más se beneficia del diagnóstico precoz y del tratamiento oportuno.

Actualmente, el manejo temprano de la esclerosis múltiple permite disminuir la inflamación, reducir la aparición de nuevas lesiones cerebrales y preservar durante más tiempo la calidad de vida del paciente.

 

¿La esclerosis múltiple es siempre progresiva?

No necesariamente.

Aunque la esclerosis múltiple es una enfermedad crónica, su evolución es muy variable y no todas las personas experimentan un deterioro progresivo. De hecho, muchas personas con esclerosis múltiple llevan una vida activa, trabajan, realizan ejercicio y mantienen una buena calidad de vida durante muchos años.

En la forma más frecuente de la enfermedad, conocida como esclerosis múltiple remitente-recurrente, los pacientes presentan brotes o episodios de empeoramiento que, posteriormente, pueden mejorar parcial o completamente. Gracias a los tratamientos actuales, muchas personas permanecen estables durante largos períodos sin presentar nuevos brotes ni una progresión significativa de la enfermedad.

Además, algunas personas tienen síntomas leves o bien controlados con la medicación, mientras que otras pueden presentar una evolución más compleja. Por este motivo, cada paciente es diferente y debe ser evaluado de forma individual.

Desde el punto de vista anestésico, esto también es muy importante. No todos los pacientes con esclerosis múltiple tienen el mismo riesgo durante una cirugía. El anestesiólogo tendrá en cuenta factores como el tipo de esclerosis múltiple, la actividad de la enfermedad, la presencia de secuelas neurológicas, el tratamiento que recibe el paciente y su estado general de salud.

En otras palabras, el simple hecho de tener esclerosis múltiple no significa que una persona no pueda recibir anestesia o someterse a una cirugía. Cuando la enfermedad está estable y se realiza una valoración preanestésica adecuada, la mayoría de los procedimientos pueden llevarse a cabo de forma segura, adaptando el plan anestésico a las necesidades de cada paciente.

 

¿Por qué existe preocupación con la anestesia raquídea en esclerosis múltiple?

La principal preocupación sobre el uso de la anestesia raquídea en pacientes con esclerosis múltiple se relaciona con las características de la propia enfermedad. En la esclerosis múltiple, el sistema inmunológico daña la mielina, la capa que recubre y protege las fibras nerviosas del cerebro y la médula espinal. Como consecuencia, algunas vías nerviosas pueden ser más sensibles a distintos estímulos.

Durante muchos años existió el temor de que la anestesia raquídea pudiera desencadenar un brote de la enfermedad o empeorar síntomas neurológicos ya existentes. Sin embargo, la evidencia científica disponible hasta el momento no ha demostrado de forma concluyente que la anestesia raquídea cause recaídas de la esclerosis múltiple. Aun así, debido a que los estudios son limitados y cada paciente presenta una evolución diferente, la decisión debe individualizarse.

Además, después de cualquier cirugía es relativamente frecuente que aparezcan síntomas como cansancio intenso, debilidad muscular o alteraciones de la sensibilidad. Estos cambios pueden estar relacionados con el estrés quirúrgico, la propia enfermedad, una infección, fiebre o el proceso normal de recuperación, y no necesariamente con la anestesia. Sin embargo, cuando ocurren en un paciente con esclerosis múltiple, pueden generar preocupación y dificultar determinar si corresponden a un brote de la enfermedad o a una respuesta transitoria del organismo.

Por este motivo, el anestesiólogo no decide de forma automática utilizar anestesia raquídea en personas con esclerosis múltiple. Antes de la cirugía se realiza una valoración individualizada en la que se tienen en cuenta factores como la actividad de la enfermedad, el tiempo transcurrido desde el último brote, las secuelas neurológicas, el tipo de intervención quirúrgica y el estado general del paciente.

El objetivo no es evitar la anestesia raquídea en todos los casos, sino seleccionar la técnica anestésica que ofrezca el mayor nivel de seguridad para cada persona. La decisión siempre se basa en una evaluación cuidadosa de los beneficios y los posibles riesgos, adaptando el plan anestésico a las características de cada paciente.

¿Está contraindicada la anestesia raquídea en la esclerosis múltiple?

No. La anestesia raquídea no está absolutamente contraindicada en pacientes con esclerosis múltiple. Sin embargo, su utilización debe valorarse cuidadosamente en cada caso, ya que no todos los pacientes presentan el mismo grado de afectación ni el mismo riesgo anestésico.

La decisión de utilizar anestesia raquídea depende de diversos factores, entre ellos si la enfermedad se encuentra activa o en remisión, el tiempo transcurrido desde el último brote, la gravedad de los síntomas neurológicos, el tipo de cirugía que se va a realizar y el estado general de salud del paciente.

Esclerosis múltiple estable

En pacientes con esclerosis múltiple estable, que no han presentado brotes recientes y cuyos síntomas permanecen controlados, la anestesia raquídea puede ser una opción. En estos casos, el anestesiólogo realiza una valoración individualizada para determinar si los beneficios de esta técnica superan los posibles riesgos. La evidencia científica disponible no demuestra que la anestesia raquídea provoque de forma consistente una recaída de la enfermedad, por lo que no debe descartarse automáticamente.

Esclerosis múltiple activa

Cuando la enfermedad está activa, existe un brote reciente o los síntomas neurológicos están empeorando, el anestesiólogo puede optar por otras técnicas anestésicas. En estas circunstancias, el objetivo es evitar cualquier situación que pueda dificultar la valoración neurológica posterior o coincidir con un periodo de inestabilidad de la enfermedad.

Es importante recordar que el propio estrés de la cirugía, las infecciones, la fiebre o el periodo postoperatorio pueden desencadenar una exacerbación de los síntomas en algunos pacientes con esclerosis múltiple, independientemente del tipo de anestesia utilizada. Por ello, la planificación anestésica debe contemplar todos estos factores y no centrarse únicamente en la técnica anestésica.

¿Cuanto tiempo esperar desde el ultimo brote para utilizar anestesia raquidea?

No existe un intervalo de tiempo universal que indique cuánto debe pasar desde el último brote de esclerosis múltiple para poder realizar una anestesia raquídea. La decisión debe individualizarse según el estado neurológico del paciente, la urgencia de la cirugía y la valoración conjunta entre el anestesiólogo y el neurólogo.

En términos generales, la mayoría de los expertos recomienda evitar realizar anestesia raquídea durante un brote agudo o mientras el paciente presenta un empeoramiento neurológico activo. Lo ideal es esperar hasta que el brote se haya resuelto y el estado neurológico se haya estabilizado.

Aunque las guías internacionales no establecen un número exacto de semanas, en la práctica clínica suele considerarse:

-No realizar anestesia raquídea durante un brote activo.

-Esperar a que el paciente complete el tratamiento del brote (si recibió corticoides) y alcance una estabilidad neurológica.

-En cirugías electivas, muchos anestesiólogos prefieren esperar entre 4 y 6 semanas después de la resolución clínica del brote, siempre que el paciente permanezca estable. Esta recomendación se basa principalmente en la experiencia clínica y el consenso de expertos, más que en ensayos clínicos que definan un plazo específico.

¿Por qué se recomienda esperar?

Después de un brote, el sistema nervioso puede encontrarse en una fase de recuperación. Si aparecen nuevos síntomas tras la cirugía, podría ser difícil determinar si se deben a:

-la evolución natural de la esclerosis múltiple;

-un nuevo brote;

-el estrés quirúrgico;

-fiebre o infección postoperatoria;

o una complicación relacionada con la anestesia.

Esperar a que el cuadro neurológico esté estable facilita la evaluación y reduce esa incertidumbre.

¿Y si la cirugía es urgente?

Si la cirugía no puede retrasarse, la anestesia raquídea no está absolutamente contraindicada solo por el antecedente de esclerosis múltiple. El anestesiólogo valorará:

-el estado neurológico actual;

-la actividad reciente de la enfermedad;

-el tipo de cirugía;

-las alternativas anestésicas (raquídea, epidural o anestesia general);

y los riesgos y beneficios de cada técnica.

Recomendaciones prácticas

Antes de decidir una anestesia raquídea en un paciente con esclerosis múltiple, es aconsejable:

-Confirmar que no existe un brote activo.

-Documentar el examen neurológico preoperatorio.

-Revisar la evolución reciente con el neurólogo tratante cuando sea posible.

-Mantener una temperatura corporal normal durante la cirugía, ya que la hipertermia puede empeorar temporalmente los síntomas neurológicos.

-Explicar al paciente que la cirugía y el estrés perioperatorio, independientemente de la técnica anestésica, pueden asociarse a una exacerbación de la enfermedad.

Miedos frecuentes del paciente (y la verdad médica)

¿La anestesia puede provocar un brote?

No existe evidencia clara de que la anestesia raquídea por sí sola cause brotes de EM. Sin embargo, factores como:

-estrés quirúrgico,

-infecciones,

-fiebre,

sí pueden influir. Por eso se toman medidas para controlar el dolor, la temperatura y el estrés.

¿Puedo quedar con más debilidad después?

Algunas personas con EM pueden sentirse más cansadas o débiles después de una cirugía, pero esto no siempre es permanente ni causado directamente por la anestesia.

¿La anestesia daña mis nervios?

La anestesia raquídea moderna utiliza:

-agujas muy finas,

-dosis controladas,

-técnicas seguras.

Las complicaciones neurológicas permanentes son extremadamente raras.

La evaluación preanestésica: la clave de la seguridad

Antes de cualquier cirugía, el anestesiólogo realiza una evaluación preanestésica completa, un paso fundamental para planificar la anestesia de la forma más segura posible en pacientes con esclerosis múltiple.

Durante esta consulta se confirma el diagnóstico de la enfermedad y se revisa cuánto tiempo ha pasado desde su inicio, cómo ha sido su evolución y cuándo ocurrió el último brote. También se evalúa si la enfermedad se encuentra estable o si existen síntomas neurológicos recientes que puedan influir en la elección de la técnica anestésica.

Otro aspecto muy importante es conocer los medicamentos que utiliza el paciente, incluyendo los tratamientos modificadores de la enfermedad o inmunomoduladores, así como otros fármacos que puedan interactuar con la anestesia o aumentar el riesgo de infecciones y otras complicaciones.

Además, el anestesiólogo realiza una valoración del estado neurológico actual para identificar posibles secuelas, como debilidad muscular, alteraciones de la sensibilidad, problemas de equilibrio o dificultades respiratorias, si las hubiera. Esta información también sirve como referencia para comparar la evolución después de la cirugía.

En algunos casos, especialmente cuando la enfermedad ha presentado brotes recientes, existen dudas sobre su estabilidad o el paciente recibe tratamientos complejos, puede ser recomendable coordinar la atención con el neurólogo tratante. El trabajo conjunto entre ambos especialistas permite planificar el procedimiento con un mayor nivel de seguridad y resolver cualquier duda antes de la intervención.

Lo más importante es recordar que la anestesia no se adapta a una enfermedad de forma general, sino a cada paciente en particular. La evaluación preanestésica permite diseñar un plan anestésico personalizado, teniendo en cuenta la situación clínica, el tipo de cirugía y las características individuales de cada persona para ofrecer la mayor seguridad posible durante todo el procedimiento.

 

¿Qué pasa si no se recomienda anestesia raquídea?

Si, después de la valoración preanestésica, el anestesiólogo considera que la anestesia raquídea no es la opción más adecuada, no significa que la cirugía no pueda realizarse. Existen otras técnicas anestésicas seguras y eficaces que pueden adaptarse mejor a la situación clínica de cada paciente.

Anestesia general

Una de las alternativas más frecuentes es la anestesia general. Con esta técnica, el paciente permanece completamente dormido durante toda la intervención y no percibe dolor ni tiene conciencia del procedimiento. Mientras dura la cirugía, el anestesiólogo monitoriza de forma continua la respiración, la presión arterial, la frecuencia cardíaca, la oxigenación y el resto de las funciones vitales, actuando de inmediato ante cualquier cambio.

Otras técnicas regionales

Dependiendo del tipo de cirugía, también pueden utilizarse otras técnicas de anestesia regional, como los bloqueos de nervios periféricos. Estos bloqueos permiten anestesiar únicamente la zona del cuerpo que será operada, sin actuar directamente sobre la médula espinal. En determinados procedimientos, pueden utilizarse solos o combinados con sedación o anestesia general para proporcionar un adecuado control del dolor antes, durante y después de la cirugía.

 Lo más importante es entender que la anestesia se individualiza para cada paciente. Si la anestesia raquídea no es la mejor alternativa, el anestesiólogo seleccionará otra técnica que ofrezca el mayor nivel de seguridad y eficacia. En otras palabras, siempre existen opciones anestésicas seguras, y la prioridad del equipo médico es elegir la que mejor se adapte a tus necesidades y condiciones de salud.

 

La importancia de informar todo al anestesiólogo

Es fundamental que informes:

-que tienes esclerosis múltiple,

-cuándo fue tu último brote,

-qué medicamentos utilizas,

-si tienes debilidad, hormigueo o fatiga marcada,

-si has tenido cirugías previas y cómo evolucionaste.

Esta información no es para asustarte, sino para cuidarte mejor.

 

Mensaje final para el paciente

Antes de una cirugía, es normal que el diagnóstico de esclerosis múltiple genere dudas y preocupación. Sin embargo, tener esta enfermedad no significa que no puedas recibir anestesia ni que una intervención quirúrgica sea automáticamente de alto riesgo. Lo más importante es que el anestesiólogo conozca tu historia clínica, evalúe el estado actual de la enfermedad y planifique la anestesia de forma personalizada.

En muchos pacientes con esclerosis múltiple estable, sin brotes recientes y con una evaluación preanestésica favorable, la anestesia raquídea puede ser una opción segura. En otros casos, especialmente si la enfermedad está activa, existen secuelas importantes o las características de la cirugía lo aconsejan, el anestesiólogo puede recomendar otra técnica, como la anestesia general o un bloqueo regional periférico.

Lo más importante es entender que no existe una única respuesta para todos los pacientes. Cada decisión se basa en una valoración individual, teniendo en cuenta la actividad de la enfermedad, el tipo de cirugía, los tratamientos que recibe el paciente y su estado general de salud. El objetivo siempre es ofrecer la máxima seguridad y minimizar cualquier riesgo.

La anestesiología moderna no improvisa. Cada procedimiento se planifica cuidadosamente, se monitorizan de forma continua las funciones vitales durante la cirugía y se adoptan las medidas necesarias para prevenir complicaciones antes, durante y después de la intervención.

Si tienes esclerosis múltiple y vas a operarte, no dudes en comentar todas tus inquietudes durante la consulta preanestésica. Informar a tu anestesiólogo sobre tus síntomas, tratamientos y antecedentes le permitirá diseñar el plan anestésico más adecuado para ti. Resolver tus dudas y comprender cómo se realizará el procedimiento también forma parte de tu cuidado y puede ayudarte a afrontar la cirugía con mayor tranquilidad y confianza.

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